Ser mujer y viajar sola a destinos «no aconsejados»

Sí que se puede ser mujer y viajar sola por el mundo y a lugares poco turísticos. Ya estuve en Irak, Irán, Argelia, Túnez, Marruecos, Egipto, Senegal, Etiopía, Kazajistán, Corea del Norte, India, Ucrania, Kosovo, Bosnia, Moldavia y en marzo al Líbano, entre otros países y me encantaría ir a Siria y Afganistán. Desde la distancia me expreso en silencio, y quería compartir mi experiencia sobre cómo una mujer en el siglo 21 aún es cuestionada por viajar sola a destinos no aconsejados. Porque siempre digo que “yo viajo para ver con mis ojos, lo que los medios me muestran con los suyos”. Hoy en día el rol de la mujer está cambiando, hay marchas, la gente se expresa. Al menos en mi país estamos en democracia. También hay casos de mujeres que escapan de sus países ya que no quieren ser obligadas a casarse a los 11 años, aunque la mayoría no pueda optar y sea forjada a ese destino.

La semana pasada tomé un vuelo a Argelia. Y la verdad que como viajaba por mi cuenta y con todo lo que se habla y la propaganda negativa frente a ciertos países provocó que tenga un poco de temor, si tomar o no un taxi al hotel. Al lado mío en el avión, había una mujer ya grande y un hombre de unos 50 años. Cuando estábamos haciendo migraciones, me dijo que un amigo de él vendría a buscarlo y que si quería me llevaban a mi hotel. Yo me aseguré que sepa cuál era mi hotel y le hice un par de preguntas para verificar que sepa cuál era la dirección. Subo al auto. Me daba más temor tomarme un taxi que viajar en ese auto, porque pensé que si me pasaba algo, alguna cámara de seguridad me habría filmado y sabrían quién era esa persona ya que al bajar del avión se podría saber su identidad (paranoica, yo). Subí al auto. Se cierran automáticamente las puertas y mi corazón se va a la garganta. Agarro mi celular y en plena oscuridad, utilizo una aplicación que funciona sin internet para saber la ruta del aeropuerto al hotel. Íbamos en buen sentido. Sin embargo, empecé a evaluar diferentes opciones:

  1. Si veo que se desvían, me les tiro encima y bueno, chocaremos.
  2. Activo mis datos del celular, el “rooming”, y que llegue una factura de 40€, ya no me importaba.
  3. Me hago la desmayada.

En ningún momento dejé de darles charla a los dos hombres. Mostrando seguridad y que, si me hiciesen algo, los podría identificar. Muchas veces pensé en comprarme una alianza así no me molestan más. Visité muchos países donde la mujer vale muy poco, donde me preguntan: “¿Te da miedo venir sola?”, “¿Tienes hijos?”,  “¿Estás casada? y yo contesto” No. Soy libre”, y ahí es cuando me cambian de tema, miran para otro lado o abren los ojos como diciendo, “¡¿» que dice esta chica?!” Y hasta algunas veces he tenido que cubrirme el pelo porque como turista también era necesario. Igualmente, mi nueva respuesta de la libertad, tiene onda y es efectiva. Creo que, al ser latinoamericana, tengo un instinto de supervivencia alto. Finalmente, llegué y “llegué bien”. Porque nos enseñan a agregar el “bien”. Ese mismo mensaje que muchas veces enviamos cuando volvemos a nuestras casas. Porque básicamente ese “bien” quiere decir que no nos robaron, ni nos violaron, ni nos secuestraron. A veces, mismo en Francia, le envió un mensaje a mi madre diciendo “llegué bien” por más que esté a más de 12000 km. Porque en Paris también pasa. Hay zonas que en verano ni short puedo usar. Así que me visto con el pantalón más feo. ¿Cuántas veces dije que me esperaban en el hotel y que no viajaba sóla? Porque sí. Porque tenía miedo. Porque para muchas culturas viajar sola está mal o yo ya sea considerada “vieja”, aunque yo me sienta de 18 y “viejos” sean los trapos. Una por instinto desconfía. A veces tenemos preconceptos sobre un país que no lo son. Por eso sigo viajando, para desmitificar. Todo lo que sé, lo aprendí viajando, tuve esa oportunidad. ¿Y saben qué? Ya demostré que no importa el destino y aunque me digan “¿Pero no tienes miedo?”, “¿Por qué vas ahí?” Y yo les conteste, “Y por qué no?”. Soy mujer y viajo sola.